Un sobrio Givenchy para la novia del año

Meghan Markle acertó con un discreto vestido firmado por la británica Claire Waight Keller para la casa francesa

La elección de atuendo de la bellísima Meghan Markle para su boda ha sido un acertadísimo modelo clásico e intemporal que le favorecía y ponía en valor su figura. Escogió un vestido elaborado por Claire Waight Keller para Givenchy. Claire, tras varios años en Gucci, lideró la creatividad en la marca Chloé y es desde hace un año la directora artística de Givenchy. Se trataba de un vestido blanco roto con escote de barco, mangas largas ceñidas y una bajofalda de tres capas de organza que le otorgaba volumen. La cola, corta y discreta, iba cubierta por un velo de tul de seda brocado de cinco metros de largo que llevaron dos pajes.

La esperada tiara que llevaba Meghan Markle se trataba del modelo «filigrana» de la Reina Mary de Teck, abuela de la actual Reina Isabel, de quien ésta la heredó. La pieza fue un regalo del Condado de Lincoln a la Reina Mary al casarse con Jorge V y no parece haberla utilizado nadie entre tanto, quizás por el duro carácter que la De Teck mostró durante su vida y su poca afabilidad y trato con sus nueras. La tiara «Filigree», cuenta con un precioso dibujo geométrico cuajado de brillantes con una pieza central que se puede separar del resto para llevarse como broche. Al no haberse utilizado esta diadema en todos estos años y llevarla Meghan en su boda, es posible que la Reina de Inglaterra se la ceda para su uso personal. Además de su anillo de compromiso, Meghan Markle llevaba unos pendientes de brillantes de Cartier bastante discretos.

La historia de la elección del bouquet está relacionada con la princesa Diana y con las tradiciones de los Windsor. Diseñado por Philippa Craddock con flores elegidas por el príncipe Harry en el jardín de Kensington, llevaba numerosos «nomeolvides», la flor favorita de Diana, además de flores de guisante, mirtilos y jazmines. Los martillos han sido una tradición en la familia Windsor ya los plantó en la Isla de Wight la Reina Victoria en 1854, y se utilizaron en los bouquets de su hija mayor, la Princesa Victoria, y de otras muchas novias de los Windsor desde entonces. El bouquet estaba atado con naturalidad y tenía un estilo relajado, justo lo que Meghan y Harry pretendían trasmitir.

El maquillaje de la nueva duquesa de Sussex era muy ligero en las mejillas, mostrando a propósito sus pecas para darle un aire juvenil y natural, con labios ligeramente rosados y ojos maquillados con gran profundidad y pestañas postizas. Triunfaron la novia, por su elegancia sencilla nada cursi, y su madre, Doria Ragland, con su acertado vestido y abrigo de color menta de Oscar de la Renta, acompañado de un sombrero de lana de Stephen Jones y zapatos de Aquazzura. Sorprendió la monotonía de las «pretendientes» a reina, Camilla Parker – Bowles y, aún más, una Kate Middleton que repitió el vestido que llevó durante el bautizo de su hija Charlotte, en un gesto o bien de desdén o bien de querer dejar el protagonismo a su cuñada. En general, los norteamericanos se esforzaron más que los británicos y los resultados fueron en la misma línea.